Intempestiva, Roma; Jeri, melancólica.
«Sólo vamos a poder contener la pandemia si hay un cambio radical de comportamiento, tanto individual como colectivo. Y sin datos ni difusión de ciencia esto es imposible”, recalca el economista colombiano Esteban Ortiz-Ospina, en entrevista con DW.
Un mes antes del ábaco negro de estos días, andaba yo por Siberia.
Dura ocho minutos en el aire. Permanece unos días en el metal, otros tantos en la ropa, el piso, la madera. Y en los alimentos.
Si Joseph Conrad viviera y escribiese su novela El corazón de las tinieblas en estos tiempos, y con la isla de Margarita como escenario, tal vez la frase para concluirla no sería «el horror, el horror».
Cada vez más personas se contagian con el coronavirus en Rusia. En internet, una lista recuerda al personal de salud que ha muerto como consecuencia de la infección.
Reinicia la liga de fútbol en Alemania. El primer partido desde hace meses en Europa.
A los 29 minutos murió la curiosidad. Erling Braut Haaland se dirigió a una esquina tras conseguir un gol de entrenamiento.
Como estoy acostumbrada a permanecer mucho tiempo en mi casa no creí que me afectaría demasiado el confinamiento, pero tiene sus bemoles el asunto.
Por debajo de cierta cantidad, la máquina se detiene.
