Ante la pandemia de COVID-19, los gobiernos deben proteger la vida de los ciudadanos con planes e intervenciones fundamentadas en el respeto a los derechos humanos y las garantías digitales.
En una alocución desde el Palacio de Miraflores, Nicolás Maduro anunció la noche del martes 24 de marzo que se han identificado “casos comunitarios” de la enfermedad COVID-19 en Venezuela.
Fue el último día que salí. Fue un martes con una jornada más o menos normal, en la que peleé con el conductor de una gandola enorme al bloquearme el paso.
De todas las víctimas del nuevo coronavirus, hay una sobre la que puede dejar consecuencias singularmente amplias y duraderas: la democracia.
El COVID-19 está haciendo estragos en economías avanzadas como Italia, Francia, España y Estados Unidos.
El martes 24 de marzo de 2020, Nicolás Maduro anunció siete nuevos casos confirmados de COVID-19 en Venezuela: 3 en el estado Lara, 1 en Caracas, 1 en el archipiélago Los Roques, 1 en Miranda y 1 en Guárico.
No hay ninguna duda: el arco iris es más antiguo que el ser humano. Pero cuando el ser humano lo vio por primera vez tiene que haberse sorprendido tanto como cuando sintió el primer terremoto o descubrió que existía la luna.
Venezuela está en cuarentena nacional desde el martes 17 de marzo de 2020, para controlar la expansión de la COVID-19 en el país.
A finales de 2018, siete venezolanos en San Francisco se reunían todos los martes en un restaurante en el distrito Misión, conocido por su comunidad latina de artistas y activistas.
Tan diferentes como los países son también las estrategias con las que los respectivos Gobiernos quieren contener el coronavirus.
